En una era signada por la publicidad de lo privado (la aceleración tecnológica ha contribuido exponencialmente a este hecho), es factible que la intimidad sea uno de los últimos pliegues en donde el sujeto contemporáneo logre su propio resguardo y reconocimiento.
Tal como señala el filósofo español José Luis Pardo, lo íntimo se distancia de lo privado en la medida en que este último está ligado a la posesión y el primero nunca logra ser apropiado totalmente.

De esta manera, la expresión de lo íntimo parece tomar cuerpo en un movimiento que viaja desde lo más profundo del sujeto hacia su exterioridad, como un vector que, a tientas, busca un destinatario, a su otro. Lacan realizó un planteo similar bajo una metáfora espacial: la extimidad aparece, entonces, como una instancia reversible en donde el adentro es, a su vez, el afuera y viceversa.