FOTOGRAFÍA EN LA ARGENTINA
1840-2010

Valeria Gonzáles

Fotografía en la Argentina 1840-2010 abarca desde la pronta llegada del nuevo invento del daguerrotipo a nuestro país, hasta la multiplicación de tendencias que caracterizan hoy a la fotografía contemporánea.
Sus 23 capítulos despliegan cuatro ejes temáticos. El primero, centrado en el siglo XIX, trata de usos de la fotografía aún extraños a la noción moderna de “arte”: los archivos documentales y el consumo privado de retratos. El segundo estudia la aparición y desarrollo de una fotografía artística moderna en la Argentina, y el papel de la influencia extranjera en la misma, desde la experiencia europea de Grete Stern y Horacio Coppola, hasta los grupos independientes de los años 50. El tercer eje, situado en las décadas de 1960 y 1970, enfoca dos fenómenos: por un lado, las vanguardias experimentales y los usos de la fotografía en diálogo con los nuevos lenguajes del arte Pop, la performance y el Conceptualismo; por otro lado, el desarrollo de un fotoperiodismo consiente como práctica central antes, durante e inmediatamente después de la dictadura de 1976. Por último, el cuarto eje se posiciona en los años 90, década en la que la fotografía es definitivamente legitimada dentro del sistema del arte y el mercado, y en la que –en paralelo a la creciente disponibilidad de información y referentes globales- atraviesa una explosiva transformación de lenguajes.
No se trata de una sumatoria evolucionista o lineal de artistas y obras relevantes, sino de un relato histórico que analiza los usos de la fotografía con relación a un contexto social cambiante. Esta perspectiva argumental ha obligado, en algunos casos, a omitir obras cuyo valor artístico es indiscutible, así como a incluir piezas consideradas “menores”. Así, por ejemplo, como fenómeno histórico, la emergencia de una fotografía moderna no puede ser estudiada sin referir a la importancia institucional y social que tuvieron los foto clubs. Y, en todo caso, su relativo retraso o conservadurismo merece ser juzgado según criterios diferentes a los de la fotografía europea o norteamericana de posguerra.
Las historias tradicionales de la fotografía artística en la Argentina habían sido planteadas a partir de una concepción autónoma o “pura” del medio, por lo cual no incluyeron las experiencias vanguardistas de los 60. El espíritu multifacético de la fotografía actual nos obliga a revisar este criterio, y a intentar unir relatos que, hasta hoy, corrieron por caminos paralelos.
En suma, no se trató de añadir los hechos más recientes a una historia ya escrita de la fotografía argentina, sino de re articular en una nueva trama los presentes y los pasados, construir nuevas genealogías y relaciones. No se trata en todos los casos de probar filiaciones o líneas de influencia existentes sino de sugerir sintonías posibles que estimulen el interés hacia una identidad contextual de nuestra fotografía

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